Lo único que sé es que llegará un día en el que te sientas más hecho mierda que feliz, en el que creas que todos te han abandonado y que estás solo, aunque algunos queden cerca de ti y te los tapes con las trampas de un engaño.

Un día, ese día, recuerda que, aunque tú creas lo contrario, no estarás solo. Que si empiezas a darte amor, y abres la puerta un poco, solo un poco, y de a poco para que pueda estar contigo de alguna forma, siempre estarás acompañado. Luchando juntos, venciendo juntos, mano a mano, corazón a corazón, hasta que no haya más guerras que vencer ni futuros que salvar.

Porque tú eres la persona más fuerte que conozco, la más valiente, y la que puede salir de los pozos que una vez parecieron tan negros. Tan solo sacando una brocha de humildad para pintar los negros de blanco, o al menos, salvarlos con un gris.

Porque cuando parece que todo se viene abajo y te da por empezar a quererte un poco, para blindarte contra algún vacío sin vuelta atrás, te das cuenta de que los caminos sin retorno y los imposibles han sido siempre inventos de malos inventores. Y que sólo eres un viajero con una mochila cargada de limitaciones creadas por ti mismo.

Y nada tiene que ver con la soledad, ni con la bipolaridad, ni siquiera con una doble personalidad. Cuando haces el esfuerzo de quererte estando más hecho mierda que nunca, te das cuenta que la mierda siempre ha estado en todas partes, que siempre estará, y que eres afortunado de tener la oportunidad de quizá poder cambiar algunas cosas.

Así que lo único que sé es que, si a mí me pasó y me he salvado por haberme querido y porque me hayas querido, tú te lo mereces más que nadie.

Dame algunas llaves y yo, así como un día hiciste tú, empezaré a abrirnos algunas puertas.

 

 

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