Era tu primera vez en Madrid.

Habías volado desde el nuevo continente
para ver a una de tus amigas.

Yo aún no te conocía
pero Madrid ya me había avisado
que estas cosas
aún sin buscarlas
podrían suceder.

Viniste por cinco días
con las pilas cargadas
y dispuesta a incendiar tu pasado.

Y lo incendiamos bien
de eso me acuerdo

en el mejor puente aéreo que conozco:
Madrid
que aún después de tanto tiempo
me sigue siendo una desconocida.

Y fue en la noche del viernes
sin planearlo
y de pura casualidad
cuando nos conocimos en una cena
en la casa de tu amiga
que casualmente era la novia
de un amigo de toda la vida.

Y sí,
Madrid es así:
Una proveedora de conexiones a domicilio

y eso no se compra
porque eso no se vende.

Y nos empezamos a conocer.
Y nos empezamos a bailar.
Y nos empezamos

cuando yo te pregunté
mirándote a los ojos
arropado ya por varios vodkas disfrazados de cóctel:
— ¿Te gusto?, ¿Te parezco atractivo?

Y fue un sí
de esos tímidos
que se rompen con la lengua
y se agarran desde el pelo.

Fue un sí que sonó fuerte
que removió algo
que se grabó en piel.

Y ya no pudimos parar.
Conociste la Madrid distinta
la Madrid de nuestros ojos
esa que es tan de fiesta como de ca(l)ma
tan de museos como de calle
y tan mía como tuya.

Esa Madrid de orgasmos
de bares
de amigos
familia
y todo lo demás.

Esa Madrid que atrapa
que te desnuda lentamente
hasta que el mundo deja de girar.

Esa Madrid es la que conociste
la mejor Madrid que podías haber conocido
y quizá te faltaron días
y noches
y abrazos en las calles
pero volverías
volverías a probarla.
Porque Madrid es tan Madrid
que no te la vas a poder sacar de la cabeza

ni del futuro

ni de la falda.

 

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