Y una vez dejamos
de repente
y sin preavisos
de ducharnos en tu cama
de viajarnos mi cocina
y de pasearnos las mentes de la mano.

Ese día
aquel que me hizo todos los daños
ya no quería
follarnos
en los probadores
en los ascensores
ni en los baños de los bares.

Ya no quería
arder
en el capó de tu coche
en la encimera de mi cocina
ni en aquel baño del avión 3906.

Solo deseaba
dejarnos
en una isla llamada olvido
sin futuros dependientes
y en habitaciones separadas.

Dejando una llave en algún llavero
para que un día
no sé cómo
ni con qué pretexto
abriéramos las puertas
de un pasado
que una vez

pasó.

 

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